SALUD MENTAL EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS
La OMS (Organización Mundial de la Salud) alerta de las consecuencias psicológicas que puede tener el confinamiento por la pandemia del coronavirus.
No sólo las personas con antecedentes psiquiátricos sino, sobre todo, los sanitarios, las personas mayores con demencia y los niños son los que más van a acusar estos síntomas de estrés postraumático, depresión, sentimientos de ira y miedo. Aumentará el número de suicidios.
Además, una vez acabada la cuarentena también habrá impactos psicológicos derivados de los problemas económicos por la pérdida de trabajo, el cierre de negocios y el estigma por parte de la sociedad hacia las personas que han padecido el virus.
Las cuarentenas más largas están asociadas con una salud mental más pobre. El aislamiento voluntario puede tener más consecuencias positivas que el confinamiento impuesto. Los seres humanos no estamos preparados para vivir encerrados y aislados.
Los expertos aconsejan no ver muchas noticas negativas sobre el virus. Esto puede causar más angustia. Informarse lo justo y necesario. Los medios de comunicación informan principalmente sobre muertes y contagios. Ver noticias positivas como la solidaridad y la empatía que ha generado esta pandemia entre los ciudadanos. Salir a aplaudir a los sanitarios cada tarde a las ocho nos hace sentir que no estamos solos dentro del esfuerzo que supone el encierro en casa con la familia. La convivencia las 24 horas del día sin contacto con los amigos y familiares. Abuelos que no ven a sus nietos desde hace dos meses o las personas que viven solas, sobre todo los mayores.
Tenemos que enfrentarnos a nuevas experiencias como compartir el teletrabajo con el cuidado de niños o ancianos. No somos educadores ni psicólogos. No estamos preparados para explicarles esta situación.
Estar aislados, no recibir visitas de sus familiares, sobre todo las personas mayores. Y, por último, los sanitarios deben enfrentarse a como comunicar a los familiares la muerte del paciente. Y éstos no pueden hacer el duelo, ni compartir el dolor con sus familiares. Esto es mucho más duro que la propia enfermedad. La sensación de impotencia. No poder ver a tus seres queridos que están solos y aislados en el hospital.
Por eso pensamos más que nunca en volver a reunirnos con los amigos y familiares y abrazarlos y besarlos, y tomarnos una caña en el bar de la esquina o en el pueblo. Soñar con volver a pisar la arena de la playa con los pies descalzos. Sentir en la mente el olor a arena mojada y a brisa de mar. Me niego a pensar que nada es para siempre. El mundo seguirá girando cuando ya no estemos nosotros pero no quiero tener la sensación de que este año, el 2020, bisiesto, fue un año perdido, un año en blanco en nuestro calendario.Volveremos a encontrarnos y a llenar cada día una página nueva del almanaque de nuestras vidas.
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