EL CIELO DE MADRID SE VE DE OTRO COLOR



Intento acostumbrarme a la nueva normalidad. El gobierno la ha llamado así porque de normal no tiene nada.
Me dan ganas de huir de Madrid, de salir corriendo. Pero siempre vuelvo al mismo lugar.  Soy como la mariposa atrapada en la tela de una araña.
Somos demasiados para empezar de nuevo una vida normal. Ya nada será lo mismo. Acostumbrarme a tomar un café sola en una terraza o con alguien a dos metros de distancia. Pasear por un parque. Eso sí a dos metros de distancia. Ir a una sala de cine y ver una película a oscuras o ver una exposición de pintura en un museo tenía su encanto. Nada es lo que era. Yo no soy la misma. Me planteo muchas cosas de nuevo.
La vida con mascarilla y guantes no se ve del mismo color. Nunca ha sido de color de rosa pero ahora se ve más oscura. El cielo de Madrid pinta más azul que nunca pero la vida más gris.
Quizás este parón que ha supuesto el confinamiento nos ha dado tiempo para pensar y mirar en nuestro interior. Si de verdad merece la pena la vida que llevábamos hasta ahora. Es hora de cambiar.
No puedes cambiar tu situación, lo que puedes cambiar es como eliges llevarla. Puedes empezar por cambiar pequeñas cosas, como la decoración de tu hogar, de trabajo, de amigos. La vida es un constante cambio. Nos acostumbramos a las rutinas. En la cabaña se vive muy bien pero hay que salir a cazar al bosque y seguir adelante. Si no, la vida no tendría ningún aliciente. Siempre con la prudencia de no saltar del trampolín si la piscina está vacía.
Tal vez selecciones que reencuentros merecen la pena. Al final, las personas que merecen la pena se pueden contar con los dedos de una mano.


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